domingo, 1 de marzo de 2020

Globalización e Identidad



En los últimos años han existido a nivel mundial dos procesos: la globalización por un lado y diversas identidades culturales por otro. Ambos procesos están conectados, ya que la manera cultural con la que suele asociarse a la globalización implica una amenaza a las culturas. Así surge el miedo a perder los principios culturales que definen a las personas, y de ahí los conflictos y exigencias en torno a las identidades locales o regionales.

En este doble proceso han tenido mucho que ver las políticas de los estados-nación, que en muchos casos gobiernan identidades distintas en un mismo marco. Para que el estado-nación no se convierta en fallido es necesaria una voluntad civilizadora que certifique esas identidades. La globalización implica elementos tecnológicos, objetos y mensajes que no pertenecen a ninguna sociedad o cultura particular y que se enfrentan al proceso de socialización que en cada población se lleva a cabo por la familia y la escuela. Vivimos juntos, pero eso no quiere decir que seamos capaces de comunicarnos. La población se ve atacada a la vez por la internacionalización de la economía y por la desintegración de las identidades culturales.

La desintegración nos obliga a buscar un principio de reconstrucción de la modernidad, puesto que ya no sirve de nada revivir el ámbito político y menos el religioso. La respuesta debe buscarse en el deseo que cada individuo tiene que combinar en su vida personal la participación en el ámbito técnico-económico y su movilización en términos de identidad personal y cultural. El individuo mismo es quien debe buscar las condiciones para convertirse en el autor de su propia historia.


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